Cuba: La transición o el desastre

•Julio 27, 2008 • Deja un comentario

Por: Carlos Alberto Montaner
V Foro Atlántico
“Cuba: de la dictadura a la democracia”
Fundación Internacional para la Libertad
Fundación Iberoamerica-Europa

En 1950, Akiro Kurosawa estrenó Rashomon, una inquietante película ambientaba en el siglo XII, en la que cuatro protagonistas de un horrendo crimen aportaban sus versiones contradictorias sobre lo que realmente había sucedido. Para enfrentarse a la situación cubana actual y a su posible desenlace, tal vez sea un buen procedimiento adoptar la técnica del director japonés e intentar colocarnos en el papel de cada uno de los actores fundamentales de este viejo e inacabable drama.

Fidel Castro, visión y misión

Comencemos por Fidel Castro. Es el más vistoso, ubicuo e inevitable de todos los cubanos. Le dio sentido y forma a la revolución. Lleva medio siglo instalado en los titulares de toda la prensa y su pintoresca imagen es la más conocida de toda la fauna política planetaria. A sus casi 82 años, agoniza lentamente en La Habana devorado por un cáncer intestinal que hizo metástasis, y del que fue necesario operarlo (sin mucha fortuna) en verano del 2006. En diciembre del 2007, finalmente, aceptó que no podía volver a dirigir el gobierno, pero no se resigna a perder el poder: un poder que ha ejercido sin limitaciones ni contrapesos desde 1959. Ante esta situación, su hermano y heredero, el general Raúl Castro, cuando asumió la presidencia propuso consultarle todos los asuntos fundamentales que debe afrontar el país. Para formalizar el acuerdo, le pidió autorización al parlamento cubano que, de inmediato, se lo concedió, obviamente, por unanimidad.

Pero había (y hay) un problema fundamental. El Comandante no estaba dispuesto a quedarse como un consejero pasivo que ofrece sus recomendaciones humilde e incondicionalmente a sus herederos. Por otra parte, mientras gobernó, Castro jamás fue un líder dedicado a solucionar los problemas cotidianos de la sociedad cubana -más bien los agravaba con iniciativas enloquecidas como dotar a cada familia con una vaca enana-, sino fue un héroe épico, gallardamente empeñado en arreglar las injusticias del mundo, todas ellas derivadas, según su diagnóstico, del desventurado capitalismo y del comportamiento malvado y codicioso de las potencias capitalistas encabezadas por Estados Unidos, el flagelo de la especie humana.

Como era previsible, de esa visión de sí mismo como un San Jorge tropical derivó la misión que le asignó a su gobierno: luchar en todos los frentes contra su enemigo americano y el resto de los países que se opusieran a su cruzada. A lo largo de su prolongado paso por el poder, Fidel Castro envió sus ejércitos a África[1], incluida una larga guerra que duró quince años. Mandó una brigada de tanques a las alturas del Golam para enfrentarse a Israel en la guerra de 1973, y, mientras pudo, colaboró con golpes de estado en lugares tan extraños como Zanzíbar y Yemen, al tiempo que adiestraba y remitía guerrillas, terroristas y conspiradores a veinte naciones, convirtiendo a Cuba en un incansable foco subversivo. Su lema era muy claro: “el deber de todo revolucionario era hacer la revolución en cualquier lugar del mundo”.

¿Qué le queda a Fidel Castro de aquellos sueños de conquista planetaria y de su rol como temible factótum del tercer mundo? Le queda una construcción retórica basada en una lectura deliberadamente deformada de la realidad cubana. Según el panglosiano discurso de este Fidel Castro terco y crepuscular, la sociedad cubana es un paradigmático modelo de educación, igualitarismo y salubridad, en el que una población esencialmente culta y satisfecha disfruta de las ventajas del sistema puesto en práctica por él a partir de 1959. Esa sociedad, fundamentalmente feliz, que no desea cambiar nada, que no necesita consumir porque está dotada de una gran fuerza espiritual, además, ha conseguido resistir los embates del imperialismo norteamericano, se sobrepuso al “desmerengamiento” del bloque socialista, y hoy, llena de ilusiones, construye junto a Chávez el socialismo del siglo XXI para prolongar por otras vías la vieja batalla contra el imperialismo y sus podridos agentes y secuaces. Para Castro, pues, la lucha no ha terminado, y la Cuba que le quiere legar a sus herederos es la que él construyó pacientemente: la revolucionaria, deseosa de clonarse incesantemente, la heroica, la que jamás se rendirá ni bajará la guardia. Y, en consecuencia, aunque senil y enfundado en un ridículo atuendo deportivo, ése el mensaje con que tiñe cada una de sus intervenciones y consejos sobre los asuntos de Estado que le llegan a su lecho de enfermo terminal: ¡hasta la victoria siempre!

Raúl Castro o la lucidez inútil

Para su hermano Raúl esto es un problema grave. El general Raúl Castro es otro tipo de persona. Nunca tuvo el menor inconveniente en darle un balazo en la cabeza a un adversario molesto, y jamás le quitó el sueño encerrar a un enemigo en una celda espantosa durante varias décadas (como hizo con Mario Chanes y Huber Matos, sus compañeros de lucha), pero es una persona realista. Fidel lo arrastró a todas las aventuras que le pasaron por la cabeza -el ataque al Moncada, la Sierra Maestra, la conquista de África-, pero él no es su hermano, y su sentido común y su experiencia le dejan ver con toda claridad que su papel como gobernante no consiste en enderezar los torcidos destinos de la humanidad, sino lograr que la gente en Cuba pueda tomarse un vaso de leche después de sobrepasar la edad de los siete años, peligrosa frontera a partir de la cual la desnutrición parece que está oficialmente autorizada en el país.

En efecto: cuando Raúl Castro mira la realidad cubana, al contrario de su hermano, lo que ve es una sociedad miserable, en la que abunda la prostitución, y en la que casi todas las personas practican el comercio ilícito o el robo para sobrevivir, con graves dificultades para alimentarse o transportarse, hacinada en unas humildes casas despintadas, llenas de goteras y mal iluminadas, que literalmente se están cayendo a pedazos, en las que la electricidad y el agua potable son intermitentes. Raúl Castro sabe que el sistema económico es sádicamente improductivo, que los cubanos perciben como una cruel estafa que les paguen en una moneda devaluada con la que no pueden comprar nada que valga la pena. No ignora que el nivel de infelicidad y desdicha de la población es altísimo, que los jóvenes sólo añoran largarse del país, y que todos viven fingiendo cínicamente unas devociones políticas que realmente no sienten porque las condiciones de vida materiales son espantosas.

Por otra parte, Raúl Castro, supongo que embargado por la melancolía, tampoco desconoce que esa sórdida realidad material -parece que no toma demasiado en cuenta la emocional-, que no deja espacio a la esperanza, se alivia con medidas extraídas de la economía de mercado: suprimiendo el clientelismo y los subsidios, liquidando la esquizofrenia de las dos monedas, descentralizando y desideologizando la toma de decisiones, reintroduciendo los derechos de propiedad, aceptando la lógica de los precios, permitiendo que los cubanos pongan en marcha empresas privadas, otorgando incentivos de acuerdo con resultados, liquidando el igualitarismo y el paternalismo estatal, dos formas letales de corromper a la población, abriéndose realmente al mercado y a las inversiones extranjeras, aligerando la decrépita, ociosa y lenta burocracia, y poniendo fin al permanente estado de hostilidad entre la Isla y Estados Unidos, el socio natural que tiene Cuba para despegar económicamente en un periodo relativamente breve. Es verdad que todo eso significa el entierro sin gloria de la revolución, pero si la realidad es profunda y testarudamente contrarrevolucionaria, oponerse a ella no es otra cosa que dogmatismo, estupidez y voluntarismo, precisamente las actitudes que han hundido al país en la miseria y se han convertido en las señas de identidad de lo que allí llaman, pomposamente, “el proceso revolucionario”.

Raúl Castro, en fin, que es una persona inteligente, sabe lo que hay que hacer para comenzar a arreglar el inmenso desaguisado provocado por medio siglo de disparates comunistas sumados a las excentricidades de Fidel, pero, al mismo tiempo, se da cuenta, como se dan cuenta todos los cubanos, que sus objetivos y los de su hermano son contradictorios. Fidel insiste en matar el dragón con su lanza. Raúl, además de retener el poder (su objetivo prioritario), quiere que Cuba se convierta en un país normal y deje de ser una fracasada fábrica de utopías, sacrificios y frustraciones, aunque para ello tenga que ponerse de acuerdo con el dragón. Fidel Castro, tras su muerte, quiere dejarle a la humanidad el ejemplo de un país revolucionario que venció a todos sus enemigos y le enseñó a la especie humana el rutilante camino de la felicidad. Raúl Castro, tras su muerte, quiere dejar una sociedad razonablemente esperanzada, sin sobresaltos, capaz de transmitir la autoridad pacíficamente dentro de las estructuras partidistas, para que sus familiares y amigos no corran peligros innecesarios, y puedan, además, tomarse un vaso de leche aunque tengan más de siete años de edad.

Los reformistas silenciosos

Raúl Castro, naturalmente, posee una correa de transmisión para ejercer el mando y, al menos teóricamente, la columna vertebral de ese mecanismo es el Partido Comunista, de donde supuestamente son o deben ser segregadas y supervisadas todas las estructuras del poder. Sin embargo, en la experiencia cubana, a lo largo de medio siglo, ninguna de las instituciones oficiales ha jugado el menor rol en el diseño de las directrices de gobierno. Cuba ha sido una autocracia, un triste sultanato comunista regido por la más repetida de las consignas revolucionarias: “Comandante en Jefe, ordene”. Allí ha mandado Fidel como le ha dado la gana, sin contención ni control, y cada vez que surgió un foco de autoridad remotamente crítico -la microfracción dentro del Partido, Carlos Aldana dentro del gobierno, el general Arnoldo Ochoa dentro del ejército-, lo ha cercenado de un tajo.

Raúl heredó intacto ese poder, incluso con una variante que le favorece: él mismo controla directamente al gobierno, al partido comunista, a las fuerzas armadas y a los muy extendidos servicios secreto. No obstante, el talón de Aquiles de su régimen está en la sucesión: detrás de él no hay nadie. Él no tiene un Raúl que lo sustituya, como su hermano lo tenía a él. No existe en el país ninguna figura que aglutine al sector oficialista y al inmenso aparato estatal. Sus hombres de confianza -los generales Abelardo Colomé Ibarra y Julio Casas Regueiro, y el Dr. José Ramón Machado Ventura- son unos viejos y oscuros aparatchicks, competentes y leales, necesariamente provisionales, dada la avanzada edad que tienen, cuestionados por algunas zonas de la estructura de poder y desconocidos por la población, dirigentes, en fin, que no pueden contar con la obediencia del resto de las instituciones del país, y muy especialmente de la Asamblea Nacional del Poder Popular y de los sindicatos, donde los parlamentarios, aunque hoy no se atrevan a abrir públicamente la boca (en privado algunos sí lo hacen), están cansados de ser un afinado coro de papagayos amaestrados, dedicado a cantar alabanzas a sus preclaros gobernantes, mientras los líderes sindicales se avergüenzan de ejercer, en realidad, como los verdugos de las aspiraciones legítimas de los trabajadores.

Por eso Raúl se propone reinstitucionalizar la revolución a toda marcha. Quiere que, tras su desaparición de la escena -calcula que le quedan unos cuatro o cinco años de vida útil para cumplir con esa tarea-, el Partido, como en China o en Vietnam, pueda asumir la dirección de la vida pública. Pero sucede que ese partido está, como todo el país, profundamente desmoralizado, ya no cree en las premisas ideológicas del marxismo (como no cree en ellas el propio Raúl Castro), y la inmensa mayoría de los cuadros y militantes desea cambios profundos que atentan contra la esencia del discurso revolucionario porque no excluyen la apertura política y el pluripartidismo.

Eso se vio claramente en los miles de debates propiciados por el régimen a lo largo del año 2007: los militantes comunistas, o, simplemente, revolucionarios, quieren libertades. Libertades para viajar, vivir de acuerdo con sus preferencias sexuales, informarse sin controles y manifestar sin miedo sus criterios. Quieren libertades para estudiar lo que desean y trabajar en lo que quieran, incluidas actividades productivas privadas. Están cansados de ser tratados como menores de edad o retardados mentales. Por primera vez, la tolerancia y la aceptación del derecho a la divergencia se hicieron transparentes como un deseo compartido por la ciudadanía, incluidos los comunistas. En el discurso públicamente pronunciado el 2 de abril del 2008 en el Séptimo Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), Eusebio Leal lo dijo sin ambages: el país se prepara para una nueva etapa. El país está lleno de expectativas y todas se orientan hacia el deseo de una intensa ampliación del ámbito de las libertades individuales. Sencillamente, el grueso de la militancia comunista está compuesta por reformistas que ansían un cambio profundo y radical, totalmente alejado de la dictadura inmovilista que les quiere dejar Fidel Castro como herencia, y también del exótico modelo chino o vietnamita con que Raúl Castro se entretiene durante sus noches de insomnio.

Los demócratas de la oposición

Los demócratas de la oposición son el cuarto factor importante. Son varios millares dentro de Cuba, con unos doscientos cincuenta encarcelados -entre ellos veinticinco periodistas independientes-, empeñados en revitalizar la abatida sociedad civil, esparcidos por las principales ciudades del país, aunque el núcleo más voluminoso está en La Habana. Cualquiera pudiera pensar que son pocos para una población de más de once millones de habitantes, pero, con la excepción de Polonia, Cuba es el país comunista con mayor número de opositores conocidos y organizados. Algunos grupos y personas, incluso, han alcanzado una gran notoriedad internacional: las Damas de Blanco, las Bibliotecas Independientes, Oswaldo Payá, Martha Beatriz Roque, Oscar Elías Biscet, Héctor Maseda, Jorge Luis García Pérez (“Antúnez”), René Gómez Manzano, Vladimiro Roca, Oscar Espinosa Chepe y Elizardo Sánchez entre otros muchos.

Lo que solicitan estos demócratas, y lo que se les niega mediante diversas formas de represión, incluidas la cárcel y las golpizas, es espacio para intercambiar ideas libremente, la posibilidad de hablar y publicar dentro del país, y la autorización para realizar actividades proselitistas. Aspiran, lógicamente, a participar en la vida política de la nación para poder alentar pacíficamente un proceso de transición hacia la democracia, pero hasta ahora sólo han conseguido una victoria parcial, aunque tremendamente importante: que el gobierno no haya podido aplastarlos ni silenciarlos totalmente, como sucedía en las primeras dos décadas de la dictadura. Esta limitación de la represión, en gran medida, se debe al reconocimiento internacional que han recibido los disidentes, apoyo que ha sido posible por las gestiones de los demócratas de la oposición externa, muy activos y eficaces en Estados Unidos y Europa.

La estrategia de la dictadura frente a los demócratas de la oposición interna es la misma que el KGB desplegaba en la URSS frente a los opositores: primero, penetrarlos con decenas de agentes de la contrainteligencia, y, segundo, excluirlos de la vida pública mediante el manido expediente de calumniarlos y calificarlos como agentes pagados por los Estados Unidos para que traicionen a su país. En todo caso, no se trata de un argumento serio que realmente preocupa a la población, sino de una coartada para justificar la marginación y las represalias. A partir de esa premisa, los demócratas, siempre al alcance de una paliza o de la cárcel[2], no pueden participar como opositores en ninguna institución -sindicatos, organizaciones de masas, parlamentos, organizaciones estudiantiles o profesionales-, y les está vedada cualquier actividad pública. La consecuencia de esta marginación es obvia: la capacidad real que tienen de impulsar la transición hacia la democracia es muy débil, pero, en su momento, serán muy importantes cuando ese periodo se alcance.

En cuanto a los demócratas de la oposición externa -que también suelen enfrentar las campañas de calumnias orquestadas por la policía política cubana y sus colaboradores, a veces acompañadas por episodios de estridente vulgaridad y violencia-, están limitados a cinco tareas esenciales que suele realizar con cierta eficacia, pese a los limitados recursos que poseen:

  • Denunciar internacionalmente los atropellos de la dictadura.
  • Ayudar a los demócratas dentro de Cuba proporcionándoles aliento, recursos, análisis e informaciones.
  • Generar apoyo internacional para respaldar el cambio.
  • Impedir que el gobierno cubano pueda normalizar sus relaciones con Estados Unidos o Europa sin antes amnistiar a los presos políticos y respetar los derechos humanos y civiles de los cubanos.
  • Estudiar y explorar las mejores vías para lograr una transición exitosa cuando llegue el momento de los cambios.

La triste mayoría silenciosa

¿Y qué papel desempeña el pueblo llano en todo esto? Quiero decir, los diez millones de personas que no forman parte del partido comunista, ni militan en la oposición, ni son militares, agentes de la Seguridad o dirigentes medios del aparato administrativo: nada menos que esas nueve décimas partes del total del censo cubano que sobrevive como puede en medio de la vorágine nacional.

En realidad, ese pueblo llano, hoy dotado de una mínima pulsión cívica, tiene un escaso peso relativo. Ha aprendido a obedecer, aunque sólo sea aparentemente, como una forma de sobrevivir, adoptando lo que en Cuba llaman “la moral de la yagruma”, una planta cuyas hojas tienen dos caras totalmente diferenciadas. Mientras en la intimidad de los hogares o con los amigos de confianza la inmensa mayoría de ese pueblo llano critica en voz baja al gobierno, y lo califica de corrupto e incompetente, culpándolo de la miseria sin esperanzas que padece, no obstante, aplaude si se lo piden, desfila y grita consignas si lo convocan, y hace la cruz en cualquier boleta electoral que le pongan en la mano, aunque carezca de la menor convicción revolucionaria. Lo hace con la actitud mecánica y conformista, podrida por el oportunismo, de quien, para evitar males mayores, participa en un rito hipócrita vacío de cualquier contenido afectivo.

¿Sabemos lo que realmente desea ese pueblo? Sí, porque al menos ha habido dos encuestas imparciales[3], aunque celebradas en condiciones muy difíciles, y porque conocemos lo que pretende lograr cualquier población compuesta por seres humanos normales. Los cubanos, simplemente, en el terreno estrictamente material, quieren vivir mejor[4]. ¿Qué es eso? Sencillo: tener viviendas mínimamente habitables, alimentarse razonablemente y con comidas variadas, poder tomar leche, comprar pan, huevos, carne o aceite sin racionamientos o precios prohibitivos, y adquirir zapatos o ropas sin tener que arruinarse. Las mujeres ambicionan cosas tan humildes como toallas sanitarias, ropa interior, sábanas, toallas, colchones, almohadas, pañales infantiles desechables, útiles de cocina. Todos quieren tener libre acceso a papel higiénico, jabones, desodorantes. Anhelan poder arreglar y pintar sus viviendas sin tener que robarse los materiales. Sueñan con ciudades en las que las cucarachas y los ratones no les disputen la vía pública a unos transeúntes que tienen que caminar entre aceras y calles destrozadas, sorteando montones de basura hedionda y pestilentes salideros de las alcantarillas. Quieren poder adquirir automóviles, y si no tienen dinero para ello, al menos poder contar con sistemas de transporte humanos, y no esos vehículos atestados por cientos de pasajeros sudorosos y disgustados por el tiempo perdido a la espera de unos autobuses que parece que no llegan nunca.

¿Qué hace el gobierno para mitigar las infinitas necesidades materiales de una población, en general, sin grupos sociales medios, que vive como los sectores pobres de América Latina? Hace dos cosas: o silencia las quejas y las deficiencias y reitera el cínico discurso contra el consumismo occidental, o le entrega a la población dos sofismas políticos complementarios. Le dice (y ya nadie lo cree) que “la culpa es del bloqueo yanqui”, y le asegura que, pese a los síntomas, los cubanos viven en el mejor de los mundos posibles, porque, si no fuera por la revolución, la sociedad padecería una miseria como la haitiana y la población sería esclavizada por los norteamericanos o por los crueles cubanos exiliados -la mafia de Miami- que regresarían cuchillo en mano a sojuzgar a sus compatriotas y a echarlos de sus viviendas. Simultáneamente, una y otra vez el gobierno les recuerda a los cubanos que, también gracias a la revolución, hoy el país cuenta con una masa notable de personas educadas y con acceso a un extendido (aunque muy precario) sistema de salud.

El pueblo llano, ¿cree, realmente, estas patrañas? Probablemente no, pero, con toda seguridad, esas campañas propagandísticas, repetidas hasta el cansancio por los medios de comunicación, sí han conseguido elevar el nivel de ansiedad de la población (especialmente entre los mayores de 60 años) ante ese eventual cambio de modelo económico que el país desea ardientemente, pero, al mismo tiempo, teme, porque su realidad material es muy endeble y carece de excedentes para afrontar lo desconocido con un mínimo de seguridad. Esa población, pues, sufre las consecuencias de un gobierno que ha sacrificado tres generaciones de cubanos y ahora se dedica a envenenarle la posibilidad de un futuro mejor. Eso, en parte, explica su parálisis, pero, aún en la mayor incertidumbre, no hay duda de que el pueblo llano anhela unas reformas profundas y definitivas que lo saquen de la miseria en la que vive.

Hugo Chávez forma parte de la ecuación

El venezolano Hugo Chávez también forma parte de la ecuación cubana. En diciembre del 2005 Carlos Lage dijo en Caracas que Cuba tenía dos presidentes, Hugo Chávez y Fidel Castro. Inmediatamente, y sin demasiada discreción, se crearon comisiones para comenzar a dar pasos en la dirección de confederar ambos países ajustando sus legislaciones, pero tuvieron que abandonar esos planes unos meses más tarde cuando el Comandante se enfermó. Ya nadie dice que Cuba tiene dos presidentes, Raúl Castro y Hugo Chávez, y mucho menos que Raúl Castro es también el presidente de Venezuela, pero las relaciones entre los dos países son muy intensas y no hay duda de que gravitan sobre el futuro cubano.

Como suele decirse en los guiones de los cómicos más socorridos, Chávez le trae a Raúl Castro una noticia buena y otra mala. La buena son los algo más de cien mil barriles diarios de petróleo (que acaso le permiten reexportar a Cuba entre quince y veinte mil), más los créditos para adquirir productos venezolanos. ¿Cuánto alcanza ese subsidio disfrazado de intercambio? Probablemente entre tres y cuatro mil millones de dólares anuales, una cantidad inmensa si se toma en cuenta el tamaño de la economía venezolana y el escaso volumen de las exportaciones cubanas.

¿Por qué Chávez ha puesto la tesorería venezolana al alcance de las ilimitadas necesidades de la incompetente economía cubana? Porque la asociación con Cuba le proporciona varios elementos clave para sostenerse en el poder:

  • La colaboración muy eficaz de los servicios cubanos de inteligencia, que lo mantienen informado de lo que sucede en todos los niveles de la estructura del poder y de la oposición en Venezuela.
  • Los médicos y personal sanitario cubano para las misiones, dedicados a reclutar la clientela política del chavismo.
  • La creación de un marco de apoyo internacional al chavismo forjado de acuerdo con la vieja técnica de orquestación mundial de la solidaridad revolucionaria que los cubanos aprendieron cuidadosamente de sus maestros soviéticos.

Sin embargo, la mala noticia para Raúl Castro es que Chávez es el continuador del espasmo imperial tercermundista que afectó a Cuba durante medio siglo. Chávez y Fidel deliran en la misma frecuencia, padecen del mismo tipo de mesianismo, y entre el año 2002 y el 2004 ambos llegaron a la peregrina conclusión -esbozada por el canciller cubano Felipe Pérez Roque en Caracas en diciembre del 2005- de que el eje Habana-Caracas debía asumir paladinamente la defensa del “socialismo del siglo XXI” y reemplazar al Moscú decadente y traidor que había abandonado el objetivo de liberar a la humanidad de las cadenas del opresor capitalismo occidental acaudillado por Estados Unidos.

Así las cosas, al asumir la relación con Hugo Chávez, Raúl Castro obtiene, por una punta, como activos, los recursos que necesita para aliviar la situación económica del país, pero, por la otra, también debe afrontar un enorme pasivo: el costo que significa continuar atado a un proyecto político delirante, anacrónico y condenado al fracaso, que no es más que una nueva versión, menos sangrienta, del que consumió inútilmente las primeras cuatro décadas de la revolución cubana.

Cuando muera Fidel -padre putativo de Chávez-, ¿qué va a pesar más en el ánimo de Raúl Castro, el suministrador de petróleo y créditos vitales, o el generador de pleitos inútiles, abanderado de causas absurdas defendidas con ideas equivocadas? Cualquiera de las dos opciones tiene un alto costo y un peligro. Si abandona a Chávez pierde ingentes cantidades de recursos y se expone a que los residuos del fidelismo nostálgico conspiren de la mano del venezolano. Si permanece encadenado al socialismo del siglo XXI y al guirigay tercermundista antioccidental, jamás conseguirá sacar a la Isla de la situación en que se encuentra postrada y no podrá legarles a los cubanos (ni a su familia y partidarios) un país sosegado y normal, como afirman que promete a su círculo más íntimo y sensato cuando les revela sus planes y visión de largo plazo.

Estados Unidos: un asunto de política interna

Qué duda cabe de que Estados Unidos es un elemento muy importante en el acontecer cubano. Así ha sido, al menos desde fines del siglo XVIII, seguramente como consecuencia de la cercanía entre ambos países. En todo caso, lo probable es que la transición cubana comience a ocurrir durante el mandato del cuadragésimo cuarto presidente de Estados Unidos, ya sea éste el demócrata Barack Obama o el republicano John McCain, lo que incrementa el peso de Washington en la actual circunstancia cubana.

¿Tiene mucha importancia que gobiernen los demócratas o los republicanos para las relaciones entre los dos países? Tal vez menos de lo que pueda suponerse. La ley Torricelli, que endurecía el embargo, fue firmada en 1992 por el primer George Bush, republicano. Y la ley Helms-Burton, que lo endurecía aún más, fue firmada por el demócrata Bll Clinton en 1996. Durante la campaña electoral, los dos candidatos ya han establecido sus vínculos con los grupos de exiliados y lo probable es que en ningún caso se producirá un brusco viraje estratégico en el diseño de la política estadounidense hacia Cuba. Ninguno de los dos partidos  siente la menor urgencia de modificar una política con la que han vivido casi medio siglo. Tanto demócratas como republicanos tienen un objetivo muy claro relacionado con el tema cubano: contentar a la mayoría de los votantes procedentes de esta etnia -algo muy importante en un estado como Florida, ganado en el año 2000 por los republicanos por 586 votos-, y, si se produjera otro episodio de tensión entre los dos países, evitar el éxodo masivo de cubanos hacia Estados Unidos.

La medida para lograr el objetivo seducir a los votantes cubanoamericanos es muy sencilla, como demuestran todas las encuestas: presentar una política de firmeza frente al gobierno de los Castro, objetivo en el que ambos candidatos coinciden en lo fundamental, aunque puedan discrepar en algunos detalles menores, como sucede con el de la frecuencia de los viajes de los cubanos residentes en Estados Unidos a la Isla. En todo caso, la visión de fondo de los policy makers de los dos partidos también coincide en el diagnóstico sobre qué es lo que le conviene a Estados Unidos que suceda en Cuba: que se produzca una transición ordenada y pacífica hacia la democracia, y que la Isla genere suficientes riquezas para sostener a sus habitantes sin que tengan que recurrir a la emigración.

Afortunadamente, ya son muy pocos los políticos norteamericanos que creen que la mejor manera de defender los intereses de los Estados Unidos es contar con gobiernos de mano dura en el vecindario, lo que hoy los hace rechazar la cínica proposición de aplaudir en Cuba el paso de una dictadura antiamericana a otra más o menos similar, pero con buenas relaciones con Washington, capaz de mantener un fuerte control sobre los cubanos para evitar la emigración clandestina a la Florida o el uso de la Isla como una plataforma para el envío de narcóticos a Estados Unidos.

Una política de apaciguamiento y contemporización con una “dictadura comunista buena” lo único que conseguiría sería aplazar el problema, no resolverlo. La lección aprendida a lo largo del siglo XX es que, precisamente, la estrategia de pactar con “our son of a bitch” (Batista, Somoza, et al), fue lo que provocó la posterior aparición de Castro en Cuba y del sandinismo en Nicaragua, y la causante de innumerables y legítimas críticas a Washington, aunque no deja de ser paradójico que la misma izquierda que antes criticaba a los norteamericanos por tener buenas relaciones con las dictaduras de derecha, ahora los critica por no querer tenerlas con las tiranías comunistas.

¿Qué haría Estados Unidos si Raúl Castro, o quienes le sucedan en el poder, intentaran movilizarse en dirección de un cambio real de sistema? Sin duda, ayudarían, tenderían la mano y favorecerían esta evolución. Harían lo que hizo Ronald Reagan cuando advirtió que Mijail Gorbachov se tomaba en serio la perestroika y el glasnost. Con bastante agilidad, el viejo actor convertido en presidente, quien llegó al poder decidido a enfrentarse al “eje del mal”, desarrolló unas relaciones cordiales son su homólogo soviético, facilitando la distensión y las buenas relaciones entre los dos países, luego perfeccionadas durante la presidencia de George Bush (padre).

En el caso de Cuba, con una economía tan pequeña y frágil como la que tiene el país, y dadas las implicaciones políticas internas que poseen los asuntos cubanos en Estados Unidos, no hay duda de que Washington levantaría el embargo a corto plazo, proporcionaría ayuda copiosa para encarrilar la transición, y buscaría el respaldo de otros grandes actores internacionales para facilitar el paso hacia la democracia y la prosperidad. Obviamente, nada de esto tendría sentido si se prolonga la dictadura actual, o si el gobierno cubano trata de adaptar a la Isla el modelo chino o vietnamita para prorrogar la autoridad y los privilegios de la clase dirigente. En ese caso, en Estados Unidos no existen incentivos razonables para contribuir a la consolidación de ese sistema, ni habría el menor estímulo por tratar de cambiar la política norteamericana hacia Cuba.

Nadie puede lograr sus objetivos

La ironía del caso cubano es que ninguno de los factores principales de este drama puede lograr por sí solo sus objetivos.

  1. Fidel Castro no conseguirá, tras su muerte, la supervivencia de su régimen comunista dedicado a la lucha internacional contra Estados Unidos y el capitalismo occidental. Cuba, sencillamente, no puede seguir siendo una reliquia de la guerra fría, dotada de una antiquísima visión soviética de las relaciones internacionales. Cuba no puede ser, con carácter permanente, la excepción marxista-leninista en un planeta en el que esa opción dejó de tener vigencia.
  2. Raúl Castro no podrá transferir su inmenso poder al Partido Comunista, fracasará en su intento de crear un mecanismo estable y predecible para transmitir la autoridad, y le será imposible calcar los modos de producción de China y Vietnam, generando con ello una terrible frustración en una sociedad que posee unas altísimas expectativas de mejorar sus formas de vida bajo su mandato.
  3. Los reformistas dentro del aparato de gobierno, aunque sean la inmensa mayoría, no podrán controlar el poder y hacer los cambios que la sociedad desea para salir de la miseria y la incertidumbre en la que vive el país. Llevan demasiado tiempo arrodillados y aplaudiendo y están dominados por la capacidad de intimidación de la cúpula dirigente.
  4. El pueblo llano -esos diez millones de cubanos de una población de algo más de once- tampoco es un factor del que podemos esperar una actuación desencadenante de una verdadera transición. El estado anímico que prevalece en el país es una combinación entre la indiferencia, la desesperanza y el “sálvese el que pueda”, es decir, la receta perfecta para la parálisis colectiva. El pueblo llano aprendió a no creer en el gobierno ni en la oposición, y sospecha de todo discurso político y de toda construcción teórica. Su principal objetivo, tal vez su único objetivo, es resolver, vivir mejor. Por eso, su norte suele ser, precisamente, el norte.
  5. Los demócratas de la oposición tienen un peso específico más moral que real. El hecho de que no figuren en ninguna de las instituciones oficiales y de que les esté vedado el contacto con las masas, provoca que no puedan poner en marcha ningún proceso de cambios, aunque la labor que realizan y los inmensos sacrificios que hacen -en los que a veces pierden la vida- sí fomenta la atmósfera para que, en su momento, llegue la ansiada transición.
  6. Hugo Chávez no parece ser un factor destinado a una larga vida política en América Latina. Su peso internacional depende del precio del petróleo, no de sus virtudes personales ni de su ejemplo como gobernante. La alianza que mantiene con los gobiernos de Bolivia, Ecuador y Nicaragua es muy precaria. Su propia autoridad sobre los venezolanos se debilita progresivamente, como se demostró en el referéndum de diciembre de 2007. Las encuestas reflejan la existencia de un chavismo duro que apenas alcanza el 17% del censo, al que se suma otra zona de apoyo, más blanda, aproximadamente de las mismas proporciones: o sea, apenas lo respalda un tercio de los venezolanos. Su sueño de convertir al eje Caracas-La Habana en el reemplazo de Moscú con el socialismo del siglo XXI se va desmoronando poco a poco. Chávez, además, no tiene influencia en Cuba. Es al revés: él es un prisionero-cliente de los muy eficaces servicios de inteligencia que le proporciona el gobierno cubano.
  7. Estados Unidos tampoco tiene cómo acelerar los cambios en Cuba, pero, a la espera de la circunstancia propicia, lo más prudente sigue siendo mantener la estrategia de contención que ya le dio resultado durante la guerra fría frente a la URSS:
  • Ayudar a los demócratas de la oposición interna y externa, como en su momento hicieron con los disidentes del bloque del Este, para que no sean barridos por el aparato totalitario y puedan servir al país cuando llegue el momento de la transición.
  • Mantener las transmisiones de Radio y TV Martí para que la población de la Isla tenga acceso a informaciones objetivas sobre la realidad contemporánea frente a la propaganda incesante del totalitarismo.
  • Forjar lazos con la Unión Europea y Canadá para presentar un frente común ante la dictadura que presione en dirección de los cambios democráticos y el respeto por los derechos humanos.
  • Ofrecerles ayuda generosa a los cubanos para cuando llegue la “hora cero”, de manera que la población pueda estar segura de que sus condiciones de vida van a mejorar sustancialmente desde el momento en que comiencen los cambios.

El desenlace

¿Cómo terminará la larga era del castrismo? Mi pronóstico es que, tras la muerte de Fidel, Raúl Castro, o sus sucesores -dado que Raúl es un anciano de 77 años-, ante el continuado desastre material del país, ya sin legitimidad y carentes del aura protectora que proporcionan los dictadores carismáticos -desde Franco a Trujillo, pasando por el paraguayo Stroessner-, como sucedió en Europa del Este, y aún en la España post-franquista, se verán obligados a afrontar el inapelable desmantelamiento de un sistema disparatado en el que ya nadie cree. En ese momento, quien ocupe el poder en La Habana tendrá ante sí dos opciones:

  • La primera, abrir el juego democrático ampliando los márgenes de participación a toda la sociedad, incluidos los demócratas de la oposición, como, grosso modo, ocurrió en Europa, aun a sabiendas de que a medio o largo plazo perderán el poder, aunque ya saben que hay vida después del comunismo, como se ha comprobado hasta la saciedad.
  • Y la segunda, hacer eso mismo, pero reservándose el control de las Fuerzas Armadas para tutelar el proceso de cambios, como garantía de que no se producirán revanchas, tal y como sucedió en Nicaragua tras la derrota de los sandinistas o en Chile cuando Pinochet perdió el referéndum.

¿Qué sucedería si no ocurre nada de esto y el gobierno opta por mantener el poder por la fuerza, en medio del descrédito del sistema y de la inconformidad casi total de la población? Tal vez, entonces el desenlace será violento e incontrolable. Un día, probablemente en los cuarteles, un grupo de hombres armados intentará iniciar a tiros los cambios que el gobierno, actuando irracional y cobardemente, se negaba a afrontar. A partir de ese momento, cualquier cosa podrá acaecer, incluido el temido y evitable baño de sangre que no se merecen los pobres cubanos tras tantas décadas de sufrimiento y frustraciones. Esperemos que, al menos por una vez, los cubanos actúen razonablemente.

[1] Al Magreb en 1963 para combatir a Marruecos en su guerra contra Argelia; a Angola en 1975 para consolidar a la facción prosoviética tras la retirada de Portugal, y a Somalia, al Ogadén, en 1977 para ayudar a los comunistas etíopes dirigidos por Mengistu.

[2] Lo que sigue es una nota de prensa transmitida desde La Habana por Martha Beatriz Roque Cabello el 28 de junio de 2008: Golpizas, arrestos, pogromos, se intensifican en la capital cubana. Intento de opositores de manifestarse pacíficamente en “La palaza de la revolución” abortado violentamente por las fuerzas represivas con golpizas y detenciones. Antecedentes: Nota de Prensa No. 20, donde se explicaba que de resultar un engaño la visita que le iban a dar a Iris Pérez Aguilera, continuarían la protesta en Ciudad de La Habana, por lo que salieron de la prisión de Agüica en Colón, con destino a la capital un grupo de disidentes formado por Jorge Luis García Pérez Antúnez, Iris Pérez Aguilera, Ernesto Medero Rozarena, Yunieski García López, Lázaro Alonso Román e Idania Yanes Contreras. Llegaron a la Habana sobre las 7 de la noche y comenzaron a deambular por las calles, se dividieron en dos partes. El plan que tenían era manifestarse en la Plaza de la Revolución a las 7am del día 27 de junio, acompañados de otras personas de provincia, de las cuales algunas llegaron y fueron detenidas, y otras no pudieron llegar. En total están involucrados en los hechos, 25 personas que se han podido detectar con sus nombres. Cerca de las dos de la madrugada fueron detenidos en la intersección de Ayestarán, Infanta y Carlos III. Se encontraban Iris Pérez Aguilera, Jorge Luis García Pérez Antúnez, Yuniesky García López, Alcides Rivera Rodríguez, Guillermo Fariñas Hernández, e Idania Yanes Contreras. Estaban rodeados; contaron 14 motos y 18 automóviles y detectaron un pequeño ómnibus blanco, marca Mercede Benz con un rótulo del Palacio de las Convenciones que los estaba filmando. De un auto marca Citroen color vino, chapa HDA975, se bajaron varios oficiales, entre ellos una mujer y les dijeron que estaban detenidos. Antúnez les preguntó qué cuál delito estaban cometiendo para ser detenidos, que no estaban haciendo nada, que si por las calles de Cuba no se podía caminar. Se abalanzaron sobre ellos y al primero que le dieron y le hicieron llave fue a Yunieski García López, que de una bofetada le partieron la boca. A los gritos de ¡Asesinos! de las mujeres, dos oficiales vestidos de verde olivo, les taparon la boca. El grupo salió del lugar en seis carros, un disidente en cada auto, hicieron varias paradas y los redujeron a 5. A Guillermo Fariñas Hernández, por orden de un teniente coronel de la Seguridad del Estado, lo esposaron con las manos atrás y dos policías se le sentaron cada uno en un muslo. Le estaban dando golpes y lo escupían, ninguno tenía puesto la chapilla. En Santa Isabel de las Lajas se le entumeció el lado izquierdo y le comenzó a dar dolor en el pecho y pararon para que una doctora que iba en la comitiva le tomara la presión y le pusieron una nitroglicerina debajo de la lengua. La doctora dio orden de que se bajaran de encima de él, pero el teniente coronel llegó y les dijo: “No se bajan nada, síganlo “apeñuncando” a ver si se muere. A Fariñas lo condujeron hacia la Seguridad del Estado y el resto fueron dejados cerca de sus casas. Por otro lado, dieron un Acto de Repudio en casa de Belinda Salas Tápares sobre la 1 de la tarde y subieron a su casa 26 efectivos de la Seguridad del Estado con orden de registro y orden de detención para: Carlos Michael Morales Rodríguez, Fidel Rodríguez García, Freddie Joel Martín Fraga, José Alberto Ocaña Salcines, Ernesto Medero Arrozarena y a Belinda Salas Tápanes. Javier Sol Díaz junto con Lázaro Joaquín Alonso Román, están desaparecidos ya que desde las 7 de la mañana llamaron por teléfono a Belinda que iban para su casa y no llegaron. Hubo también detenciones alrededor de la casa de Martha Crespo, en calle 15, entre 10 y 12 en el Vedado. De allí un grupo de disidentes salió a las 4 am de la mañana: Carlos Cordero, Amado Ruiz Moreno, Blas Fortún Martínez y Ramón y Andrés de Colón, Matanzas, (se desconocen sus apellidos) Donaida Pérez Paseiro, Alicia Martínez Guevara, Alejandro Gabriel Martínez Martínez, Julio Columbié Batista y Jorge Prieto Rodríguez. De algunos de ellos se desconoce su paradero.

[3] La última de esas encuestas fue realizada clandestinamente en abril de 2008, abarcó un universo de 587 personas, y la pagó el Instituto Republicano Internacional.

[4] Una buena descripción de esa actitud aparece recogida en la siguiente crónica del corresponsal del diario español El País en La Habana: Mauricio Vicent, “Oficio para listos”. El País, Madrid, 1 de julio 2008. En Pinar del Río circulan alrededor de 450 camiones y furgonetas privadas que consumen diesel. Pero en esta provincia cubana, con una población de 730.000 habitantes, sólo se venden 60 euros diarios de este combustible en la red de gasolineras del Estado. El dato lo divulgó el 16 de junio el semanario Trabajadores junto a esta tierna coletilla: “los especialistas razonan que detrás de esa gran incoherencia puede haber delito”.

Un mes antes, el diario Granma ofreció una detallada información sobre la crisis de la fábrica de conservas La Conchita. Fundada en 1937, en sus buenos tiempos La Conchita llegó a procesar 28 toneladas de tomate y 18 de guayaba por campaña, pero de pronto los cubanos se enteraron de que la isla importaba coco de Sri Lanka, guayaba de Brasil y tomate de China. ¿La causa? La incapacidad de las empresas agrícolas estatales de suministrar a la industria del enlatado frutas y verduras que en muchas ocasiones se pudren en los campos. En La Habana existen 12.000 contenedores de basura. Pero hacen falta 18.000. El problema es serio, pues cada año 1.000 de estos depósitos “quedan inutilizados”, decía Granma el 14 de abril. Una de las razones principales es que la gente roba las ruedas de los contenedores para hacer carretillas –en las ferreterías estatales no se comercializan ni carretillas ni este tipo de ruedas, y cuando se venden es a precios muy elevados -. El diario informó de que en los últimos meses han sido decomisadas “un grupo de estas carretillas” y que “a sus dueños les fueron impuestas severas multas”.

Analistas se preguntan hasta dónde llevará sus ‘reformas’ Raúl Castro

•Julio 19, 2008 • Deja un comentario

Por: Cuba Encuentro

Las reuniones de los diplomáticos y empresarios de La Habana son un hervidero de rumores, análisis y apuestas sobre hasta dónde llevará Raúl Castro sus incipientes medidas económicas —que no políticas— sin afrentar al convaleciente Fidel Castro, reportó EFE.

“Raúl es un pragmático que quiere hacer cambios para salvar la revolución, pero no podrá hacerlo mientras ‘éste’ viva”, dijo un diplomático europeo, en referencia al ex gobernante.

Algunos analistas y diplomáticos consideran que Raúl Castro, de 76 años, ya tiene el poder real y ha colocado a “su gente” en las cúpulas del gobierno y del Partido Comunista de Cuba (PCC), y que su hermano Fidel, de 81, ya no manda demasiado.

Citan como demostración un reciente Pleno del Comité Central del PCC en el que se creó una “Comisión” del Buró Político en la que figuran Raúl Castro y sus vicepresidentes, fusionando las cúpulas del gobierno y el aparato ideológico, en las que no está —por primera vez en medio siglo— Fidel Castro.

Otros, más escépticos, aseguran que el ex gobernante, que durante sus casi 50 años en el poder determinó hasta los detalles más cotidianos de sus compatriotas, sigue “vivito y coleando”, dirigiendo su propia sucesión, aunque no aparezca en público desde hace dos años.

Hay incluso quien sostienen que el actual proceso de cambios lo planificó el propio Fidel Castro hace ya un lustro, con su proverbial capacidad para la estrategia, y que hoy se sigue su guión.

Como el régimen cubano es tan hermético como una caja negra de avión, que sólo se abre cuando hay un accidente, es difícil saber quién tiene razón, en el caso de que alguna de esas alternativas la tenga.

Entre diplomáticos, empresarios, corresponsales e intelectuales crece el debate sobre si hay un verdadero cambio, como defienden algunos líderes europeos, o todo es “cosmética”, como denuncia Washington.

Respecto al sucesor del presidente estadounidense, George W. Bush, la mayoría opina que un triunfo de los demócratas favorecerá en Cuba a los sectores aperturistas y una victoria republicana apuntalará a los inmovilistas, pero que ese no será un factor crucial.

“Yo estoy esperanzado con Raúl. Creo que sabe que es necesario hacer cambios. Lo ha dicho. Ojalá pueda”, apuntó con prudencia un intelectual cubano que asegura que la mayoría de sus compatriotas confía en las medidas tomadas por el gobierno.

Hasta ahora, las “reformas” se han limitado a que los cubanos puedan volver a hospedarse en hoteles —lo cual les garantiza la Constitución pero estaba prohibido por el régimen desde los años noventa—, o comprar computadoras, teléfonos celulares y bicicletas eléctricas, todo ello en divisas, en un país donde el salario medio no supera el equivalente en moneda nacional a 17 dólares.

También hay cambios en el campo, para paliar la escasez de alimentos, y se espera que pronto los cubanos puedan viajar de un pueblo a otro o salir al exterior sin pedir permiso.

Entre tanto, una bloguera, Yoani Sánchez, que ni siquiera se considera disidente, no pudo viajar la semana pasada a Madrid a recoger el Premio Ortega y Gasset, que le otorgó el diario español El País.

Y cuando varias Damas de Blanco, mujeres familiares de presos políticos, intentaron en abril manifestarse pacíficamente en La Habana, les cayó encima el aparato estatal para disolverlas y repudiarlas.

Aún así, en ciertos círculos extranjeros de La Habana y en capitales europeas, muchos predican que los cambios deben apoyarse, porque pueden llevar eventualmente a una liberalización. Mientras, otros replican que son “bagatelas” que ofrece régimen para mantener el poder.

Raúl Castro defiende sus reformas y dice que Cuba no actuará por presión

•Julio 19, 2008 • Deja un comentario

Raúl Castro se presentó hoy por primera vez como presidente ante el Parlamento cubano para defender las líneas económicas en que trabaja su Gobierno y asegurar que Cuba “jamás” adoptará una decisión como consecuencia “de la presión o el chantaje” externo.
EFE “Aunque aquí nadie les ha pedido opinión, reitero que jamás adoptaremos una decisión, \u00A1ni la más mínima!, como resultado de la presión o el chantaje, venga de donde venga, de un poderoso país o de un continente entero”, dijo Castro ante el plenario, vestido de guayabera blanca en lugar de su habitual uniforme de general.

Raúl Castro dijo que ante las medidas que ha ido aprobando su Gobierno desde que asumió la presidencia, el pasado 24 de febrero, “enseguida algún funcionario del Gobierno de Estados Unidos, desde un portavoz hasta el Presidente” salió a calificarla de “insuficiente o cosmética”.

“Es iluso soñar que un pueblo que ha resistido actos terroristas, guerra económica y agresiones de todo tipo durante medio siglo va a renunciar a conquistas fruto de enormes sacrificios solo para satisfacer a determinados círculos de poder de Estados Unidos”, agregó.

Aunque el Parlamento aprobó hoy una declaración condenando la directiva sobre retorno de inmigrantes ilegales de la Unión Europea, Castro no hizo ninguna mención al reciente levantamiento definitivo de las sanciones diplomáticas adoptadas por el bloque comunitario en 2003, tras las condenas a 75 disidentes.

Con el sillón en que habitualmente se sentaba su hermano, el ex presidente Fidel Castro, vacío, el jefe de Estado habló de salarios y del objetivo de su Gobierno de incrementarlos “de manera gradual y según prioridades”.

Evitó precisar fechas y sectores, pues, según dijo, “no sería ético crear falsas expectativas” y señaló que “socialismo significa justicia social e igualdad, pero igualdad de derechos, de oportunidades, no de ingresos”.

“Igualdad no es igualitarismo”, dijo, reafirmando la reciente aprobación de una resolución para que los salarios -que en Cuba de promedio son de 408 pesos (unos 17 dólares)- se calculen en función de lo producido y la calidad de los servicios y no de forma general.

Además, anunció la necesidad de “un adecuado sistema de impuestos y contribuciones”.

Insistió en la necesidad de volverse hacia la tierra y hacerla producir y anunció que se comenzará a entregar tierras ociosas en usufructo en “fecha próxima” a quien produzca, una de las medidas que el Gobierno ha adoptado como parte de su política para reanimar al decaído campo cubano.

“En fecha muy próxima, tan próxima que puede ser la próxima semana (…). Se puede decir, se aprobó ya anoche en una reunión conjunta del Buró Político (del Partido Comunista) con el Consejo de Estado -Ejecutivo- y otros invitados”, anunció Castro.

También aseguró que la realidad actual impone reformas a la ley de Seguridad Social vigente para elevar la edad mínima de jubilación de 55 a 60 años, en el caso de las mujeres, y de 60 a 65, en el de los hombres, así como modificar el cálculo de las pensiones.

No hubo grandes anuncios ni novedades, pero el presidente lanzó un mensaje optimista: “produciremos alimentos, preservaremos las principales conquistas de la revolución y seguiremos avanzando sin descuidar un minuto la defensa”.

Antes de finalizar, Raúl Castro afirmó que había consultado con el líder cubano el texto del discurso y Fidel Castro le dijo: “está perfecto”.

Disidentes denuncian una nueva campaña de acusaciones del Gobierno

•Mayo 14, 2008 • Deja un comentario

Disidentes cubanos afirmaron hoy que el Gobierno ha emprendido una ‘ofensiva’ contra ellos con el aumento de denuncias en la prensa, campaña que, según algunos, responde a la ‘crispación’ de posturas tanto en La Habana como en Washington.

El último episodio aparece hoy en el diario Granma, donde se acusa al presidente de Estados Unidos, George W. Bush, de tratar de ‘levantar un muerto (la disidencia) que no tiene resurrección’, tras mantener una videoconferencia el pasado día 6 con tres opositores en la Sección de Intereses de EEUU en La Habana (SINA).

Esta acusación se suma a otras de la televisión cubana, que desde el día 21 ha reiterado en varias ocasiones que los opositores son agentes de Washington y ha mostrado imágenes de disidentes en compañía del jefe de la SINA, Michael Parmly, o recibiendo en sus domicilios materiales enviados desde esa oficina.

‘Pienso que hay una ofensiva del Gobierno y creo que este es un momento en que debería de haber posiciones flexibles porque aquí la oposición es pacífica’, dijo a Efe Miriam Leiva, fundadora de las Damas de Blanco, movimiento que agrupa a mujeres familiares de los 75 condenados a penas de hasta 28 años de cárcel en la primavera de 2003.

Para ella, ‘en ambos lados (Washington y La Habana) se están crispando las actitudes, las declaraciones y también hay una realidad: un proceso electoral en Estados Unidos y es posible que seamos víctimas de las pretensiones electorales’.

Oscar Espinosa Chepe, uno de los 75, excarcelado por razones de salud, opinó que ‘hay una campaña evidente’ de descrédito contra los disidentes, a los que, según dijo, el Gobierno cubano ’siempre utiliza como un elemento del conflicto con Estados Unidos para tratar de presentarnos como agentes’.

‘La disidencia es un producto de la crisis que vive la sociedad cubana, lo que tiene que hacer el Gobierno cubano, en vez de buscar chivos expiatorios, es ponerse a resolver el desastre que tiene’, dijo.

Para Elizardo Sánchez, de la Comisión Cubana de Derechos Humanos, las acusaciones son ‘un tema recurrente, cíclico’ y subrayó que su presencia en los medios cubanos ‘desmiente un poco el discurso formal oficial en cuanto a que no existimos y somos irrelevantes’.

Martha Beatriz Roque, de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil, afirmó que la campaña tiene origen en el desalojo por la fuerza, el pasado día 21, de un grupo de diez Damas de Blanco que pedían la liberación de los presos políticos apostadas en la Plaza de la Revolución de La Habana.

‘El escándalo de las Damas de Blanco fue muy grande y quizá ahora estén preparando algún espectáculo mayor’, dijo Roque, que participó en la videoconferencia con Bush el pasado día 6.

Agregó que el Gobierno está ‘intensificando su actividad’ contra los disidentes.

Por su parte, Laura Pollán, de las Damas de Blanco, cuya casa fue mostrada por la televisión cubana cuando recibía cajas de un vehículo de la SINA, señaló que para ella ‘no es nada vergonzoso que haya salido eso por la televisión’.

‘Me dejaron alrededor de doce cajas con sábanas, toallas, pañuelos para los presos, regalitos que compramos aquí, perfumes, jabones’, dijo, y rechazó estén vinculadas con Estados Unidos.

‘No queremos que Cuba sea anexada a ningún país del mundo, pero tampoco ni a China ni a Venezuela, queremos que sea una Cuba libre e independiente’, dijo.

Cuba ¿Por qué los cambios?

•Abril 30, 2008 • Deja un comentario

Por: Huber Matos Araluce

Antes de julio del 2006, mes en que Fidel Castro fue internado con urgencia por supuestos problemas gastrointestinales, la cúpula del poder en Cuba ya estaba al tanto que Castro había entrado en una etapa irrecuperable.  El diagnóstico médico previo era preocupante, el Comandante en Jefe estaba perdiendo su capacidad mental, había sufrido más de una isquemia y las consecuencias de la próxima podían ser devastadoras.  Tenían que prepararse para lo peor.  ¿Cómo reaccionaría la población el día en que muriera?  ¿Como podría manejarse una sucesión con éxito?  El panorama no era alentador.

El romance mediático mundial con el castrismo estaba concluyendo.  Los “logros” de la Revolución se habían ido evaporando y los medios de comunicación internacional ya no los disimulaban como antes.  La producción de azúcar había sido reducida a una mínima fracción de los buenos tiempos y los demás sectores agrícolas estaban en iguales o peores condiciones.   Tampoco podían esconderse los problemas en el campo educativo y el deterioro de la salud pública.   La ausencia de Fidel Castro crearía expectativas, presiones y curiosidad sobre las verdaderas condiciones del pueblo cubano.

La pérdida de la subvención venezolana daría inicio a una crisis en Cuba muy difícil de controlar.  Chávez podía perder el poder, en consecuencia el flujo de petróleo desde Venezuela no está garantizado.  Ese petróleo evita la paralización del transporte y la generación de electricidad en Cuba,  además una parte se vende  para pagar las importaciones  del 64% de los alimentos que representan la canasta básica de la población.  El fracaso de Chávez en el referendo de diciembre del 2007 fue una señal adicional de peligro.

Aunque Washington había repetido públicamente una y otra vez que no aceptaría como sucesor a Raúl Castro,  la administración del Presidente Bush haría lo posible por no estimular una crisis en Cuba.  Su gobierno estaba demasiado preocupado por una eventual inmigración ilegal masiva desde la isla.   Además, entre Iraq, Afganistán, Al Qaeda, Irán y la impopularidad mundial, la Casa Blanca estaba bien enredada.  Un triunfo del Partido Demócrata en Noviembre del 2008 era esperanzador para la cúpula castrista.

En Europa el gobierno español seguiría defendiendo los intereses de sus empresarios en Cuba.  Estos controlan una buena parte de la industria turística de la isla.  Por esta razón y para explotar el sentimiento anti norteamericano entre los  españoles, el gobierno socialista continuará  insistiendo en el seno de la Unión Europea en que hacia Cuba, una política de acercamiento es más efectiva que una de enfrentamiento y presión.  El grupo que heredaba la sucesión podía convencer a España de que harían una apertura en Cuba. Mientras ésta no pusiera  en peligro su casi monopolio del turismo en la isla, los españoles  continuarían colaborando.

La situación interna era bastante más complicada.  Aun manteniéndose el suministro de petróleo venezolano la economía de la isla seguiría  deteriorándose, o en el mejor de los casos su crecimiento sería inferior a las necesidades de la población.  La nueva generación de cubanos está frustrada y el sueño de los jóvenes es huir de Cuba hacia los Estados Unidos.  No puede descartarse que en determinadas circunstancias ese descontento se convierta en exigencias y eventualmente en retos al gobierno.

La mayoría de las personas vinculadas directamente al gobierno o sus a organizaciones, incluyendo los militares, están descontentos. La sucesión estaba convencida que no podía contar con el apoyo incondicional de estos cubanos. Aunque el nivel de vida de este grupo es superior a la de la mayoría de la población, ellos  saben que es inferior al que podrían disfrutar si el sistema permitiese ciertas libertades.   La ausencia del Fidel Castro haría cada vez más difícil justificar los errores y excesos de  sus decisiones.

Una y otra vez la disidencia ha sobrevivido la represión. Aunque estos grupos de oposición han sido aislados de la población por el acoso permanente y la falta de acceso a los medios de comunicación, los mismos siguen siendo objeto de interés en el exterior.  La desaparición de Fidel les daría energía y protagonismo.  No podía descartarse que a  pesar de los esfuerzos por mantenerlos divididos, estos se pudieran unir y convertirse en una opción política para la población.

Ante todas estas circunstancias, el grupo sucesor decretó que la salud de Fidel Castro era un secreto de Estado.  Aunque lo tienen aislado, se insiste en su recuperación y no han dejado de aparecer artículos supuestamente escritos por él.  Se apoyó a Raúl Castro como “el cancerbero de la Revolución”* y se comenzaron a crear expectativas de cambios con el fin de ganar tiempo y espacio dentro y fuera de Cuba.

México y Cuba inician negociación para llegar a un acuerdo migratorio

•Abril 30, 2008 • Deja un comentario

Acuerdo Migratorio Cuba MéxicoMEXICO (AFP) – Una delegación del gobierno cubano iniciará el martes en México negociaciones por un acuerdo migratorio que llene el vacío legal que padecen en México los ciudadanos de la isla, quienes muchas veces enfrentan procesos irregulares y son víctimas de abusos. Autoridades cubanas estarán en México el martes y miércoles “tal y como se acordó en la reunión entre el canciller cubano, Felipe Pérez Roque, y su homóloga Patricia Espinosa en marzo pasado en La Habana”, confirmó la oficina de prensa de la embajada cubana en México. El 14 de marzo los cancilleres retomaron la relación bilateral que había estado prácticamente congelada desde 2004 y acordaron firmar en septiembre próximo un acuerdo migratorio que asegure un flujo “legal, seguro y ordenado”.

Organizaciones no gubernamentales denuncian que debido al vacío legal existente en materia migratoria muchos cubanos que son detenidos en México padecen violaciones de los derechos humanos.

“Las condiciones de detención en las que se encuentran personas de origen cubano dentro de las estaciones migratorias de México, están rodeadas de irregularidades y violaciones a derechos fundamentales, más allá de las comúnmente documentadas”, dijo a la AFP la organización Sin Fronteras.

De acuerdo con Sin Fronteras, en el último año se ha incrementado el número de migrantes de nacionalidad cubana que ingresan a México, aunque autoridades del país de destino se niegan a revelar la cifra.

Mientras, el número de cubanos detenidos en las estaciones migratorias aumenta sostenidamente desde 2002, cuando fueron aprehendidos 159, mientras que en 2003 se arrestaron a 305 y en 2004 a 779 migrantes de la isla, según el Instituto Nacional de Migración (INM).

Las cifras de los últimos tres años se desconocen, debido a que el INM decidió reservar esa información.

“Embarcaciones de gran capacidad llegan regularmente a las costas de Pinar del Río y de Habana Campo en Cuba y sacan a unos 80 o 90 cubanos para llevarlos a Cancún (este de México)”, señaló Eduardo Matías Ferrer, director de la Casa del Balsero y el Migrante Cubano en México.

Estos migrantes, llamados de cinco estrellas, llegan a pagar hasta 15 mil dólares para permanecer resguardados en Cancún en una casa de seguridad y después ser trasladados en pequeños grupos hasta la frontera con Estados Unidos, donde acaba la travesía, detalló el activista.

La ley conocida como de “Pies secos, pies mojados” en Estados Unidos, permite a los cubanos que llegan por tierra acceder a una situación migratoria legal, mientras que los que son detenidos en el mar son inmediatamente deportados hacia Cuba.

Pero un número indeterminado de cubanos sin recursos que llegan a México en embarcaciones pequeñas o desde Centroamérica terminan en estaciones migratorias, donde frecuentemente son objeto de abusos.

Esta situación extraordinaria ha resultado en el cobro de altas multas hacia los migrantes cubanos, por encima de los montos para otras nacionalidades establecidos por el INM.

Ambas organizaciones, consultadas por la AFP por separado, denunciaron que los cubanos en muchos casos permanecen en las estaciones migratorias más de lo 90 días reglamentarios y “si la detención se prolonga se deterioran las condiciones de la reclusión”.

Eduardo Matas López Ferrer“Entre agosto y diciembre de 2007 se produjeron al menos tres fallecimientos por negligencia y maltrato en las estaciones migratorias de Cancún y Chiapas, y el INM se ha negado a aportar toda información al respecto”, según Matías.

El director de la Casa del Balsero aseguró que “el consulado cubano no da ningún auxilio a sus connacionales retenidos en las estaciones migratorias e incluso se niega a asumir el traslado a su país de los cadáveres de los balseros que han muerto”.

Raúl Castro destituye al ministro de Educación, en un primer cambio de su Gobierno

•Abril 29, 2008 • Deja un comentario

Fuente: http://www.cnnplus.com/codigo/noticias/imprimir_noticia.asp?id=639365&cod=82

El presidente cubano Raúl Castro ha destituido al ministro de Educación, Luis Ignacio Gómez, en el primer cambio de Gobierno que se lleva a cabo en la isla, desde que el hermano de Fidel es el jefe.

El Consejo de Estado de Cuba ha destituido al ministro de Educación, Luis Ignacio Gómez, y ha nombrado en su lugar a Ana Elsa Velásquez. Es el primer cambio en el Gobierno desde que el general Raúl Castro reemplazó a su hermano Fidel en la Presidencia el pasado 24 de febrero.

Según un comunicado oficial, el relevo se ha producido “a propuesta del Buró Político del Comité Central” del Partido Comunista, del que sigue siendo primer secretario Fidel Castro.

El ex presidente cubano, Fidel Castro, ha declarado que el hasta ayer ministro de Educación, ha sido cesado porque “había perdido energía y conciencia revolucionaria”.

Fidel ha explicado que durante los tres últimos meses ha viajado con mucha frecuencia, “utilizando siempre el pretexto de la cooperación internacional de Cuba. Por este y otros elementos de juicio, no se tiene ya confianza en él; más claro todavía: ninguna confianza”.

Primer cambio

La destitución de Gómez ha sido el primer cambio en el Gobierno que Raúl Castro ha recibido de su hermano mayor desde hace dos meses.

Durante los 19 meses en los que fue presidente interino, hubo cambios en cuatro ministerios: Informática y Comunicaciones, Transportes, Justicia y Recursos Hidráulicos.

Además, al asumir la Presidencia el 24 de febrero, el general Raúl Castro, hasta entonces ministro de las Fuerzas Armadas, dejó en ese cargo a Julio Casas Regueiro.

La Habana prepara un paquete de reformas

•Abril 23, 2008 • Deja un comentario

LA HABANA (AP).— Los cubanos no sólo podrían viajar pronto al extranjero sin esperar por permisos oficiales, sino que también tendrán luz verde para alquilar libremente sus casas y habitaciones, vender los inmuebles con título de propiedad y adquirir auto sin autorizaciones especiales.

Tras las medidas liberalizadoras para la compra de computadoras, celulares y efectos electrodomésticos, la autorización a los ciudadanos nacionales para hospedarse en hoteles, la eliminación del tope salarial y la entrega en usufructo de tierras a los campesinos, el gobierno de Raúl Castro planea levantar otras restricciones a favor de las reclamaciones de la población.

Además, están en estudio, como opción para aplicar en el curso del presente año o en 2009: Revalorización del peso cubano frente al peso convertible (CUC) a razón de 19 pesos cubanos por CUC, con la intención de ir equiparándolos gradualmente y lograr una moneda única a mediano plazo. Actualmente un CUC equivale a 24 pesos cubanos y 1.20 dólares.

Además, flexibilizar las restricciones a la libre empresa y los cuentapropistas, lo que permitiría a los ciudadanos abrir pequeños negocios. De acuerdo con “El Sol de México”, el presidente Raúl Castro Ruz desea mejorar sus relaciones con México.

El propietario del diario mexicano Mario Vázquez Raña tuvo en fecha reciente una reunión con Castro en La Habana. De acuerdo con un artículo publicado ayer, Castro expresó a Vázquez Raña “que desea verdaderamente que las relaciones entre México y su país alcancen los niveles de amistad, respeto y afecto de antaño”.

Las relaciones entre México y Cuba se deterioraron durante el gobierno de Vicente Fox, que criticó la situación de los derechos humanos en Cuba. El presidente Felipe Calderón restableció nexos luego que sucedió a Fox en 2006.

CONTINUARA COMPRA DE ALIMENTOS A ESTADOS UNIDOS

•Abril 23, 2008 • Deja un comentario

LA HABANA, 22 (ANSA)- Cuba compró alimentos por 300 millones de dólares a Estados Unidos en lo que va de 2008, pero la tendencia de ese comercio es a estancarse, pronosticó hoy un funcionario empresarial cubano.
Pedro lvarez, presidente de la empresa estatal exportadora de alimentos Alimport, dio la bienvenida en rueda de prensa al comisionado de agricultura de Nueva York, Patrick Hooker, quien está en La Habana en la búsqueda de contratos de ventas de productos agrícolas al mercado cubano.

lvarez dijo que las prohibiciones y restricciones que aplica el gobierno norteamericano sobre ese comercio han llevado a que las compras cubanas se estanquen por la falta de seguridad al recibir los embarques por decisiones de Estados Unidos.

Una regulación aprobada por el Congreso de Estados Unidos en 2000 permitió la apertura desde fines de 2001 de ese comercio cubano-estadounidense estructurado solamente por importaciones cubanas de productos alimenticios y agrícolas. Las leyes de bloqueo o embargo a Cuba que aplica Washington desde hace casi 50 años no admiten la posibilidad de ventas cubanas al mercado norteamericano y aplica otras restricciones severas a esas operaciones. Cuba compró esos productos por más de tres mil millones de dólares en el mercado vecino en estos más de seis años, pero principalmente entre 2001 y 2005.

El empresario expuso que pese a las subas de los precios de alimentos en el mercado internacional, Cuba comprará en el mercado internacional esas mercancías por 1.900 millones de dólares, durante el año en curso, un 20 por ciento más que en 2007.

El aumento de las inversiones se da no solo por las alzas de los precios sino también de los fletes, a partir de la suba de los precios petroleros al nivel mundial, dijo.

El comisionado Hooker celebrará reuniones con empresarios cubanos esta semana en La Habana con el fin de lograr contratos de ventas para el estado de Nueva York.(ANSA). MRZ

Adiós a “camellos” en La Habana. Transporte público de la era soviética

•Abril 20, 2008 • Deja un comentario

LA HABANA – Primero se siente el tufo del diesel, después un traqueteo metálico y finalmente una columna de humo negro avisa que el “camello” ha llegado a la parada.

Camellos en la Habana
Camellos en la Habana, Transporte público

AtestadosEstas abultadas bestias de 18 ruedas, mutantes de hierro construidos con dos autobuses de la era soviética soldados entre sí sobre una plataforma y jalados por otro vehículo, han sido desde hace mucho tiempo la pesadilla del transporte público habanero: saltones, calurosos y atestados, a veces con 400 pasajeros a la vez.

Pero su desaparición gradual es un signo revelador de cambio en el ocaso de la era de Fidel Castro. Se anticipa que el último camello quedará fuera de servicio en La Habana el domingo por la noche.

El camello, llamado así por su frente y tren trasero encorvados, es eclipsado por miles de autobuses urbanos nuevos procedentes de China en momentos en que el gobierno encabezado por el hermano de Castro, Raúl, resucita un sistema público de transporte al borde del colapso.

La ruta M-6, que va desde los suburbios capitalinos del sur hasta la Universidad de La Habana, es la última ruta del camello, y las autoridades municipales dicen que les han ordenado retirarlos todos este fin de semana.

“Yo pienso que deberíamos hacer un monumento al camello”, dijo uno de sus pasajeros, el retirado Salvador Carrera. “Ha sido una cosa extraordinaria”.

Aparte de la capital, los camellos están lejos de haberse extinguido. El gobierno tiene una flota de más de un millar en la isla, y los de La Habana podrían utilizarse para aumentar el servicio de autobuses en el resto del país, dicen empleados del transporte.

Al igual que los automóviles antiguos que se ven en Cuba anteriores al embargo estadounidense, los camellos son característicos de Cuba.

Falta de capacidad

Lo que carece de atractivo lo compensa con su capacidad en el número de pasajeros.

“Nosotros podemos cargar 200, 300, hasta 400 personas, la guagua (autobús) no”, comentó la conductora Estela Doira. “Estamos de lo más contentos pero a la vez tristes porque el camello resuelve mucho más que la guagua”.

Al comienzo de un viaje en camello una mañana la semana pasada, tomó poco más de cinco minutos para que 75 pasajeros subieran y pasaran por las puertas estrechas de retaguardia. Doira se asomó por una ventanilla para asegurarse de que nadie quedase atascado.

Las puertas, de metal angosto con bordes afilados, se cerraron con un retumbar metálico que sonó lo suficientemente agudo como para cortar lo que se le pusiera en el paso.

58 asientos disponibles

Los más afortunados consiguieron uno de los 58 asientos de plástico, mientras el resto tuvo que quedarse de pie. Cada pasajero le pagó a Doira 20 centavos, menos de un centavo de dólar.

Los camellos no tienen amortiguadores, y cada bache en la calle hace temblar el vehículo. En cada parada suben más pasajeros: gente con infantes, mochilas, herramientas de jardín y botellas de cerveza llenas de miel del mercado negro. Soldados con cara de niños se apiñan junto a colegialas con gafas de sol con marcos de colores chillones y ancianos de aspecto frágil.

Es difícil abrirse paso para entrar o para salir, y el conductor en su cubículo no puede oír a los pasajeros que le gritan “¡La puerta! ¡Abre la puerta!”

“¡Muévanse, compañeros! ¡Muévanse hacia adelante!”, gritan.

Sin aire acondicionado, el calor tropical pronto se torna insoportable, y el hedor invade el vehículo con la mezcla de sudores, gases de combustión y comida pasada. Los que van sentados sacan la cabeza por las ventanillas.

“Sólo en Cuba. En otros países la gente no aguanta tanto”, susurró la retirada Mari González, que fue lo suficientemente afortunada como para conseguir un asiento.

El origen

Los cubanos bromean que los camellos son más subidos de tono que el cine el sábado a la noche: sexo y delito, carteristas y toqueteos. Las conversaciones se entrecruzan y alimentan el molinillo de los rumores: Fidel Castro está muerto. No, espera, está recuperado; pasó el fin de semana en la playa. El peso se fortalecerá frente al dólar. O quizás será reemplazado por una nueva divisa.

El camello nació en respuesta a la escasez de combustibles a principios de los años 90, cuando la Unión Soviética se desintegró y Cuba perdió su subsidio anual por 6,000 millones de dólares. Desde entonces la economía se ha recuperado gracias a los fuertes préstamos de China y los casi 100,000 barriles de petróleo diarios suministrados por Venezuela.

Mejorar el transporte

Cuba está invirtiendo 2,000 millones de dólares para mejorar el transporte público y ha importado 3,000 autobuses modernos para la capital solamente. Los Yutong son menos macizos que los camellos y se están repavimentando las calles para evitarles desgaste.

Los pasajes cuestan el doble que los del camello, pero ofrecen mucho más asientos y un viaje menos accidentado. Los pasajeros pueden ascender y descender fácilmente, lo que agiliza el recorrido.

Carmen López, que aguardaba un autobús chino para ir a su trabajo, dijo que estaba contenta de no viajar más en camello, aunque no cree que desaparezcan completamente de la capital.

“Están mandando los camellos al campo donde les hace falta más que a nosotros aquí”, comentó. “Pero cuando se echen a perder, nos van a traer los camellos de vuelta”.